viernes, 18 de octubre de 2013

El centro del universo

Si os fijáis bien me veréis en el centro.

Dicen los hombres de las batas blancas que en el centro de cada galaxia existe un agujero negro de proporciones gigantescas. Tan grande que la gravedad que emite es la responsable del giro de la infinidad de estrellas que conforman la Vía Láctea.

"No eres el centro del universo", probablemente sea la frase que más me ha perseguido a lo largo de mi vida. La gente que a menudo repetía este odioso mantra en mis delicados oídos nunca fue consciente de que a lo mejor mi punto de vista no es el que todo el mundo creía.

Claro que soy el centro del universo: soy el centro del universo que he creado. De la misma forma que tú lo eres del tuyo. Y de la misma forma que todos lo somos de los nuestros: muchos pequeños y complicados universos moviéndose alrededor de nosotros.

De vez en cuando alguno entra en nuestra zona de influencia, y nos vemos afectado por la gravedad que emiten, energía que a veces nos impulsa en la dirección a la que queremos ir o entorpeciendo nuestro camino las más de las veces, demostrando entonces que fuerzas iguales se repelen. Y algunas veces esto no suele ser tan malo.

Y otras simplemente los universos colisionan, liberando grandes cantidades de polvo cósmico y energía al vacío que nos envuelve. Las consecuencias de estos pequeños cataclismos suelen durar bastante en el tiempo, y además suele ser mucha la destrucción causada por estos encuentros. Pero normalmente se limitan a danzar alrededor nuestro, sin molestar. Estas compañías son las que eventualmente seguirán con nosotros el resto de nuestras vidas. Y bienvenidos sean.

Si os fijáis, en nuestro pequeño universo están ocurriendo cosas constantemente. Pequeñas estrellas flanqueadas por una cohorte de planetas giran cerca de nuestro núcleo, protegidos por nuestra influencia. Ocasionalmente puede ocurrir que un cometa nos visite, pero con la regularidad de un reloj. Solemos agradecer la visita sonriendo, y despedirnos cordialmente hasta la próxima. También hay pequeños asteroides, no muy cerca, pero lo bastante para ser conscientes de su existencia. Algunos son destruidos al acercarce demasiado a la oscuridad que todos tenemos en el centro. Pero si tienen suerte pasarán de largo, y muchos se perderán en el silencio del vacío, demasiado lejos de nuestro alcance. Muchas veces cuando ocurre esto no se vuelve a saber de ellos.

Lo que es más, los límites de nuestro universo cambian constantemente. Nuestra zona de influencia varía en función de nuestro estado de ánimo y el estadio de la vida en el que nos encontremos. A ratos, sobre todo cuando somos más jóvenes, suele abarcar mucho espacio. Y a medida que nos hacemos mayores se comprime para intentar ser algo más selectivos. Independientemente de todo, nunca hay que olvidar un hecho innegable:

Somos el centro.

Hay un par de asuntos que ocurrieron en este breve interludio (en el que han pasado muchas cosas). A saber: el blog cumplió dos años y Alter me ha dado otro premio, la correspondiente cobertura de ambos eventos en próximas entradas.

lunes, 29 de julio de 2013

Punto de ruptura: Fase IV

En serio, hay muchos.

Han pasado los meses, te has despejado la cabeza, y por fin se han ido las dichosas neuras. Es bastante posible que a estas alturas (si no antes) te estés haciendo la gran pregunta: ¿Podremos ser amigos?

Y es una decisión muy personal, dependiendo mucho del grado de hijoputismo y de la onda expansiva que hubo cuando cortásteis. Lo mejor es poner las cosas sobre una balanza y ver si puede salir algo positivo de eso. Si sale a deber mejor dejarlo de momento, ya somos lo bastante expertos en complicarnos la vida para añadir más leña a esa caldera.

Al respecto voy a confesar que tengo un fallo gordo: se me olvidan las cosas y no soy nada rencoroso. Así que muchas veces vuelvo a tener contacto con toda aquella que tuvo la desgracia de soportarme. Lo que tampoco me deja en un buen lugar para dar consejos. Lo que sí haré es un advertencia: prepárate mentalmente, te vas a querer morir la primera vez que veas a tu ex-pareja. 

Y es que la gente, cuando te deja, tiene la costumbre de ser feliz sin tí. Mientras tú has atravesado los 7 purgatorios de Dante y caminado en solitario hasta el fin del mundo (y daremos por hecho que tú no estás todavía con nadie, suele ser lo normal), ellos no han perdido el tiempo y generalmente ya se han encargado de encontrarte un sustituto. Por supuesto no te lo van a contar de buenas a primeras, así que en esta parte limítate a sonreir mucho y a no hacer muchas preguntas sobre su situación sentimental (o si te gustan las emociones hazlo, pero allá tú). Por supuesto que puedes ser sincero y decir ciertas cosas (yo no lo hago, con el tiempo no vuelvo a nombrar nada que sugiera que alguna vez estuvimos junto, es lo mejor), pero que no suene a desesperación. Hay que hacer un gigantesco ejercicio mental para recordar que no quieres volver. Te dejó ¿o ya te has olvidado? Así que no aproveches la ocasión para tirar la poca dignidad que has logrado reunir hasta aquí. Fíjate bien en el increíble documento fotográfico que acompaña esta entrada y créetelo.

Un inciso aquí: en mi experiencia personal (y en la de otra gente, lo que he constatado a base de tener los ojos bien abiertos) existe lo que llamamos "el asunto de la liana": nadie suelta a nadie hasta que se ha fijado en otra persona. Así que las probabilidades de que tu "ex" esté con alguien al mes de cortar contigo son casí del 90%. Podéis creéroslo o no, pero ya sabeís que soy de los que considera que a estas alturas la ingenuidad es algo que va sobrando en nuestras vidas. Así que lo dicho, pocas preguntas sobre el tema. Si estás ahí sentado delante de esa cerveza con esa persona enfrente, es porque todavía tiene algo que aportar en tu vida, y de ahora en adelante mejor que no sea sufrimiento gratuito.

En mi caso sí que tienen que aportar: independientemente del motivo del apocalipsis y dado mi perfil digamos muy tendente al caos y a la neura, encuentro verdaderamente relajante poder hablar con alguien sin tener que sacar un puto manual de instrucciones. Generalmente ése será el motivo primordial que te impulse a mantener el contacto: ya te conoce, lo que ahorra mucha burocracia social.

Y con el tiempo descubrirás algunas cosas: suelen ser de los mejores amigos que puedes tener, y además siempre estarán ahí los primeros, y ten por seguro que te sacarán las castañas del fuego infinidad de veces. Canela en rama. También descubrirás otra de las grandes piedras angulares del universo. Y no es otra que entender definitivamente que una ruptura no es el fin del mundo. Cuando por fin ves todo con la perspectiva lejana del olvido nada suele parecer tan grande como lo pareció en su momento.

Eso sí, tener a tus "ex" pululando a tu alrededor tiene normas muy severas para que la cosa funcione. Hay que tener muy presente que SE ACABÓ, por siempre de los siempres. Todo se caerá si no hay una intención sincera de querer ser amigos. Nada de "l@ seguiré viendo a ver si cuela" ni zarandajas de ésas. Mucha gente va con esas intenciones, complicando terriblemente una situación que debería ser de lo más fructífera para ambas partes. 

Y si todavía tienes alguna duda, vuelve a mirar fijamente la foto. Porque te va tocando mover a ti.


martes, 9 de julio de 2013

Por qué es tan complicado tener una pareja para siempre III

Finiquitamos los alegres comentarios del artículo de marras en esta tercera parte.

Hay que ser realistas

Jorge A. de 43 años, reconoce que su problema ha sido siempre ese. “Mis amigas siempre me han dicho que cómo es posible que tenga tan mala suerte en las relaciones”, explica, “que con lo encantador que soy y con las ganas que tengo de formar una familia cualquier mujer estaría feliz conmigo. Y durante mucho tiempo también lo he pensado. Es cierto que no todos los hombres están, a priori, desde jóvenes, tan ilusionados con algo así, prefieren ir de flor en flor, pero yo nunca. Durante mucho tiempo no entendía por qué fallaban siempre mis relaciones. Acababa rompiendo porque ellas eran demasiado raras o ellas me dejaban porque precisamente me acusaban de que las agobiaba…”.Las relaciones no funcionan porque nos empeñamos en ir adelante con gente que sabemos que no va con nosotros y luego nos quejamos.

Cada vez que oigo la palabra “rara” se me saltan las alarmas. Si Jorge es el típico subnormal (de lo que tengo ciertas sospechas, yo evito usar la palabra “rara” cuando defino a alguien, prefiriendo usar adjetivos más específicos: insegura, intolerante, psicópata... y de todas formas defiendo que cada uno sea como le dé la gana mientras no me toque los huevos) seguramente habrá dejado a ciertas chicas por ver manga, jugar al rol o gustarles la fantasía (ya me conozco de sobra la connotación de “raro” cuando el vulgo utiliza el vocablo de marras). Y si le acusan de agobiar seguramente será porque las agobiaba, no creo en la gratuidad de este tipo de acusaciones, y ya sabemos que estar encima innecesariamente de alguien es algo que a la mayoría de los hombres se les da muy bien. Tampoco creo ya en la mala suerte en las relaciones, tienes lo que buscas, consciente o inconscientemente. No obstante seguimos con lo mismo, si no es para tí, si no te completa, si no quiere jugar al mismo juego que tú, no insistas. Si por el contrario Jorge es un buen tío simplemente le falta criterio a la hora de elegir y me tengo que callar la boca (o no, maravillas de la libertad de expresión).

Gracias a un terapeuta me di cuenta de que el asunto es que yo realmente no quería una pareja estable, me horrorizaba la idea, aunque dijera lo contrario y acababa atraído por mujeres que no paraban de viajar, que no querían tener hijos, que no consideraban importantes valores como la fidelidad… Mujeres que claramente, o al menos en ese momento de su vida no querían establecer una familia y yo me empeñaba en convencerlas de que lo hicieran. Ahora llevo tres años con una mujer así. Independiente, fuerte, que nunca ha querido ser madre y con la que tengo una relación maravillosa, sí que creo que puedo estar con ella para siempre. El error estaba en que yo pensaba que quería una cosa y la vida me demostraba que realmente me gustaba lo opuesto, lo acepté y estoy feliz”.

Continuando con el rico mundo interior de Jorge "el hombre que no sabe lo que quiere" (esta parte del artículo me la saltaba, pero la dejo para mayor coherencia, sospecho firmemente que este tío es una invención de la redactora, recurso muy utilizado por ciertos periodistas), lo que sucede realmente es que tú eras simplemente un golfo agobiado por tener que pasar ciertos aros sociales y aparentar cierto tipo de respetabilidad masculina. Este problema, el no querer asumir ciertas cosas por la omnipresente opinión ajena, empieza a tener tintes de epidemia en esta civilización. Si no quieres tener una relación estable y te mola ir de flor en flor, no debería haber nada en este mundo que te lo impida (así que un hombre Beta ¿eh?), eso sí, pórtate bien...

El caso de Jorge A. no es de los más comunes, aunque según el doctor Agustín Duarte, el asunto de elegir a alguien una y otra vez que según parece no casa con nuestros valores es importante analizarlo porque a lo mejor esa persona nos está explicando mucho de nosotros mismos. En cualquier caso, aunque ninguno de los expertos consultados se atreve a dar esa clave para encontrar el amor eterno, el doctor Duarte sí se arriesga a recomendar dos conceptos: “Dejar a un lado el orgullo y no tener miedo”, dice, “el orgullo y el miedo, esa reacción de dejar antes de que te dejen, tan habitual en muchas parejas actuales, son la raíz de la mayoría de las rupturas. Y, por supuesto, ser realista. Hollywood y las novelas románticas nos han hecho ver la pareja como algo casi mágico y no lo es. Es un trabajo, precioso, diario. Pero de magia no tiene nada. Hay que querer que dure y que dure bien. El problema es que no todo el mundo lo quiere, por mucho que todos lo digan”.

Bravo doctor, no puedo estar más de acuerdo con usted, la nefanda influencia del cine y la literatura escrita por amargadas mujeres que no supieron tener criterio han condicionado la mentalidad que al respecto tenemos de este tema gran parte del mundo. Todos queremos que nuestras relaciones sean especiales, pero los efectos especiales y los corazoncitos flotando a nuestro alrededor es algo que deberíamos dejar a Industrial Light & Magic. En el mundo real estar con alguien se reduce simplemente a dos personas intentando ser felices el uno con el otro, mientras tratan de ponerse de acuerdo en un montón de cosas a base de infinita comprensión, y todo ello con el fin de poder compartir las maravillas de este tortuoso camino muy bien acompañado. La pirotecnia sobraba desde el principio...



Y hablando de parejas y compartir caminos, muchísimas felicidades, suerte y amor a una que yo me sé...

jueves, 27 de junio de 2013

Glosario: Locura

Vale, lo tuyo es otro cantar...

"Estoy como una puta cabra". ¿Cuántos de nosotros no habremos dicho esta frase a lo largo de nuestras vidas? Seguramente tras reacciones exageradas a ciertos sucesos (léase marrones) o tras alguna que otra ida de olla.

La mala noticia es que seguramente lo estés. La buena es que es relativamente más común de lo que parece. Nada de ello debería de afectarte mucho no obstante, dado el cuento que dispongo a soltar.

Por si el personal no lo sabía, cada ser humano pisando esta bola de fango tiene de media uno o dos trastornos psicológicos menores (si no algunos más). La mayoría generados durante nuestra infancia o adolescencia y determinados en gran parte por nuestros traumas o la muerte de nuestros padres a manos de Joker. Muchas de estas cositas vienen determinadas por el camino que recorre el impulso neuroeléctrico en nuestras atolondradas neuronas. Pongamos como ejemplo que la gente "normal" (luego os cuento un cuento sobre la "normalidad" a este respecto) ha fijado sus pautas en base a que cuanto más repetimos una acción ciertas neuronas se activan, comunicándose entre ellas para disparar ese acto, impulso o reacción en concreto, quedando esa ruta axón-dendrita "grabada" en esa masa amorfa de problemas que llamamos cerebro. Dichas pautas suelen ser comunes en el Homo Sapiens de a pie, ése que va por la vida sin hacerse demasiadas preguntas, no vaya a ser que las tenga que responder después con el consiguiente trastorno que ello supondría para su existencia.

Digamos que ciertas experiencias traumáticas hacen que la señal tire por otros caminos por los que en circunstancias normales no iría. Con el paso de los años y al repetirse el estímulo que da lugar a esa reacción, nuestra actividad sináptica (coged el diccionario, vagos, no pienso explicarlo) referente a ésta se acostumbra a coger la carretera comarcal en vez de ir por la autopista.

Y ya está, habemus neuram cuando somos adultos.

Generalmente no somos conscientes de ellas, ya que muchas no impiden una normal relación con nuestros semejantes. Sólo adquieren tintes de fregao cuando empiezan a afectar gravemente a nuestra percepción del entorno, repercuten gravemente en nuestro bienestar, o simplemente nos convierten en auténticos imbéciles. Más allá de eso, la verdad es que se puede convivir con ellas sin mayores sobresaltos.

Por supuesto, nadie te va a decir que esta ligeramente tarado de buenas a primeras, no sea que no pasemos por esos aros de grises colores a los que a mí me encantaría prenderles fuego algún día. Esto es especialmente surrealista cuando descubres a gente demasiado maniática con la limpieza o con rituales tales como poner el cepillo de dientes en determinada postura o enderezar ese cuadro torcido, so pena de no dormir por las noches. Y sin embargo, ese puntito de locura es muy necesario para evitar convertirnos en fotocopias andantes.

La personalidad humana se podría definir como un gran ecualizador de ciertos rasgos que se repiten cíclicamente en nuestra especie; rasgos como la ira, la soberbia, la modestia, la simpatía, la instrospección... cosas así. Nunca me he molestado en ponerles nombres a todos o en analizar todas las variables, pero ello garantiza que nunca nos aburramos a la hora de conocer gente, ya que los resultados estadísticos a la hora de cuantificar tanto tipo de carácter en base a este sinsentido que acabo de parir se disparen con tantos factores en juego.

Hasta aquí todo fetén, pero es entonces cuando también entran a la palestra las risueñas y pequeñas taras mentales de las que hablaban, las cuales se constituirían en ese gran diferenciador que termina en última instancia en el hecho de que no seamos iguales al vecino de al lado, al pescadero, o a un cactus.

Y en un mundo que se afana trabajosamente en aparentar normalidad a toda costa nadie te va a admitir esto. Lo que desemboca en que todos estamos algo tronados en mayor o menor medida y todos lo niegan tajantemente, lo que por cierto (y como es de rigor en mí) me da algo de risa. Pues mucha gente que pide a gritos ayuda profesional va dando tumbos por la vida achacando eternamente la culpa a los demás de lo incomprendida que se siente sin ser nunca consciente de que el verdadero problema podría estar en uno mismo.

No es malo tener ese toque de caos, muy necesario por otra parte en gente de mi gremio. Precisamente los creadores de cosas nos amparamos y buscamos cobijo en ello cuando necesitamos la tan socorrida inspiración para nuestras obras. Así que muchos de nosotros podrían dar ciertas lecciones en cuanto a convivir con nuestras díscolas neuras. Sin ir más lejos, si sois especialmente perceptivos y sabéis leer entre líneas os habréis dado cuenta de que servidor tiene bastantes, las cuales aprovecho en beneficio propio para salirme del tiesto y generar ese conocido halo de yomismez que siempre me ha caracterizado, para bien o para mal.

Y de eso se trata, de convivir con ellas, de integrarlas en nuestra personalidad y admitir naturalmente su existencia. Dando por hecho que están ahí y foman parte de nosotros sin ningún tipo de negacionismo absurdo. Puesto que ello, como otras tantas cosas, nos hace mucho más personitas que la mayoría de personitas.

Lo cual, como he repetido hasta la muerte en este oscuro rincón del ciberespacio, quizá no va a resultar ser tan malo al final.

lunes, 24 de junio de 2013

Por qué es tan complicado tener una pareja para siempre II

Complicidad y admiración, más importantes que el romanticismo.

El psicólogo clínico y experto en conflictos de parejas Agustín Duarte coincide en mucho de lo que dice Carmen. En su consulta ha visto miles de parejas en crisis y, después de advertir que su trabajo no sólo consiste en conseguir que una pareja siga junta sino a veces en hacer que rompan de una vez, pero de una manera constructiva, explica algunas claves de porqué las parejas no duran toda la vida. “Es evidente”, comenta, “que ahora es más fácil que las personas emprendan caminos distintos. No por el tópico de que antes las mujeres tenían que aguantar porque si se divorciaban eran casi unas parias o que la educación social y religiosa no ha visto nunca bien a una separada, no. Simplemente, al ser independientes, trabajar, relacionarse con gente distinta, etc., la mujer tiene capacidad para evolucionar, para cambiar y pasar distintas etapas en su vida. Eso era algo que hace años era exclusivo del hombre y la mujer, al estar en casa sin mas, se limitaba a adaptarse. Ahora no, ahora ambos pueden descubrir caminos distintos y eso hace necesaria una serie de negociaciones en las que muchas veces llega la crisis y la ruptura. Uno sigue siendo como cuando se casó y el otro no o cada uno ha cambiado sus valores o su forma de querer continuar la vida”.El secreto no es aguantar, el secreto es valorar lo que se tiene y no estar pensando que se puede tener todo el rato algo mejor.

Me remito a lo que comentaba antes, en la entraba anterior de este artículo. Al ser más libres se abren más vías, ergo más posibilidades de ser libre, en tu vida y en tus planes. Hoy en día por ejemplo, sí tu novio se tiene que mudar a Soria y tú estás a gusto en tu empresa en Cádiz ya no te tienes que ir “síosí”, ahora no todo tiene que estar dirigido por el fulgurante cámino del éxito del hombre. Y si no váis al mismo sitio, hay más maromos de donde vino ése.

Para Duarte, “si no hay amor, si no hay un verdadero plan de futuro en común, los caminos se separan. Por eso yo siempre recomiendo que se piense no sólo en el amor romántico, que es a lo que todo el mundo recurre para explicar el distanciamiento o para justificar que se debe estar con la otra persona. El típico ‘es que ya no es como antes’ o ‘es que nos queremos mucho’. El amor y la atracción son importantes, pero con el tiempo lo es más la admiración, la complicidad y tener claro que se quiere estar con esa persona. Parece de Perogrullo, pero es así”.

No había pensado mucho en la admiración, doctor, pero sí que es verdad que cuando alguien te admira (incluso cuando no tengas ni zorra de lo que estás haciendo bien...) se ve más claro el lejano futuro con esa persona. Y lo de la complicidad viene de cajón, si no te acompaña en tus pequeñas travesuras y no ve la vida como tú, no hay nada que hacer. A menudo veo parejas que parecen que están juntos porque simplemente “hay que estar con alguien”, desencadenando la emisión de una frase que he oído más de una vez: “mi novia es un coñazo”. No hace falta ser asesor matrimonial para ver que eso no va a ninguna parte.

Pero el asunto, según algunos expertos como el psicoterapeuta y escritor Henry Cloud, autor de varios libros sobre relaciones sentimentales, como ¿Cómo hacer que una cita vaya adelante? (que no está publicado en España), está más bien en saber elegir. “Muchas veces”, explica en la citada obra, “el asunto está en que se escogen parejas que no van con nuestra personalidad o con valores totalmente opuestos a los nuestros y al final, no funciona. Hay que tener claras las prioridades, si hay que hacer una lista, se hace, y analizar si la persona con la que empezamos a tener una relación coincide con ellos. Si no es así, no tener miedo y dejar a esa pareja para buscar la que realmente nos llene. A veces las relaciones no funcionan porque nos empeñamos en ir adelante con gente que sabemos que no va con nosotros y luego nos quejamos. Hay que empezar por la base, es esencial”.

Lo de la lista y las marquitas es un consejo de los chorras al que no se le hace todo el caso que se debiere. Tiene que gustarle el 90% de las cosas que haces tú, o no hay trato. De nada sirve que tu novia no haya tocado nunca una consola para que tú tengas que explicar melodramáticamente que no puedes apagarla justo cuando acabas de matar al último malo de Final Fantasy XIII de potra. Y si tu hombre odia los museos, será un pelín difícil arrastrarle a esa exposición que te hace tanta ilu. Fuera de coña, compartir aficiones e intereses es una de las grandes bazas a la hora de tener una relación larga y plena. Y es una de las primeras cosas que hay no hay que dejar de buscar “never de los neveres...”

domingo, 16 de junio de 2013

El triunfo del capitalismo

Seguid así, que ya veréis donde acabáis...

Cómo ya deberíais saber, el triunfo del capitalismo sobre, bueno...sobre todas las cosas en general ha generado la consabida consecuencia de que ahora somos bastantes más pobres. Cosas que tan poco tienen que ver con nosotros como la inflación, los putos mercados, la esperanza de vida y un largo etcétera han dado manga ancha al establishment para saquear todos los países sin cuartel (y ahora aquí las pensiones), sobre todo los de Europa, que parece ser que es un continente especialmente más subnormal que el resto. Ya que mientras Japón toma medidas al respecto y EE.UU. intenta blindarse ante futuribles, en nuestro caso los eurogobernantes han decidido sonreír un poco mientras nos comentan que nos fastidiemos un poco y a ser posible nos muramos antes.

La crisis no se nota a simple vista, sales a la calle y no hay contenedores ardiento ni masas enfurecidas con horcas y antonchas. Sólo basta una vuelta por el súper para darte cuenta de que tu sueldo ya no da para comprar tanto (ese gran timo que fue embarcarnos en el euro). Mientras, asistimos impávidos a la cada vez más onerosa visión de las altas esferas llevándoselo crudo. Y todo ello por otra de las grandes mentiras de esta mierda de país que resulta ser el mío (para haberme pegado cuatro años sirviendo en el Ejército hoy no me siento nada patriota, fíte): la "modélica transición", el engañabobos definitivo para dar pie a las élites extractivas (NdR: este término empieza a sustituir al establisment como palabro en los medios, confiriendo quizá una mayor concisión sobre el verdadero problema en España) a perpetuar el dominio de las "grandes" familias (grandes por ricas, no por buena gente), agrupadas a su vez en dos grandes partidos políticos reacios a marcharse a golpe de una muy conveniente ley electoral poco menos que fraudulenta, sobre el tejido económico del país. Todo ello disfrazado de algo mal llamado democracia.

El resto nos lo hemos cocinado nosotros, al votarles una y otra vez y permitir con cierta magnanimidad el desvalijo de esta tierra donde hace no tanto tiempo no se ponía el sol. Pero bueno, para ver esto sólo hace falta abrir un periódico, no voy a dar lecciones de economía a nadie a estas alturas (que parezco Vicenç Navarro).

Una de las consecuencias de las que se ven a pie de calle es que la gente esá últimamente obsesionada por el dinero, nada extraño habida cuenta del marrón generalizado: hay que llegar a fin de mes, hacer la compra y alimentar quizá a tu prole si la hubiere. Y un millón más de pequeñas gestas familiares en cuanto a pastaca se refiere. Pero claro, Spain is diferent, estamos tan imbuidos por los grandes males endémicos del país (a saber: la envidia y el miedo al fracaso y el puñetero "qué dirán" de los huevos) que todavía asisto atónito a numerosas muestras de querer aparentar sobre lo bien que le va a uno.

La gente, esa amorfa masa descerebrada a la que cada vez más muestro menos respeto, no aprende: se puede ser inmensamente feliz con poco. Y es precisamente ese poco lo que nadie quiere ponderar. No voy a ponerme hippie ahora y hablar de las bondades de tener poco dinero y el materialismoinnecesarioblahblah... pero sí que es verdad que últimamente noto que el personal adyacente está muy apollardado con el tema dinero, matándose para conseguir cuanto más mejor. No negaré la tranquilidad que da tener un buen sueldo y las facturas pagadas, pero ya sabemos lo que opino sobre convertir esto en el eje de tu vida a estas alturas, en las que deberíamos de empezar a pasar un poquito de estas mierdas. Músicos que dejan de tocar y artistas en general que abandonan de las pocas cosas en las que destacaban para dedicarse a buscar más y más en lugar de arreglarse con lo que tienen (y por supuesto nadie quiere quitarse el coche y cambiar quizá de way of life, ¿'tamos locos o qué?). Para las risas esa misma gentita, muchos de ellos amigos míos (y aquí me pongo un tanto borde), intenta darme (que ya me las daban, pero es que ahora más) lecciones de madurez (y qué de problemas da este tema, ¿no?) por agarrarme a mis habilidades artísticas y no dedicar más tiempo a nutrir a esa insaciable bestia que es el capitalismo (y si queréis más leña hablamos de mis quince años cotizados sin tener una carrera, frente a los 3 meses tuyos a media jornada de reponedor con un MBA). He repetido hasta la saciedad que no quiero ser jefe de nada, no quiero cobrar más de 1.000€ (bueno, sí que quiero, pero seamos realistas: no acabé mis estudios, zapatero a tus zapatos) y nunca he querido pasar por ese aro más de lo necesario. Lo contrario no hace sino dar alas al triunfo del capitalismo sobre las vidas de las personas, alienándolas de tal forma que muchas empiezan incoscientemente a perder un poco de su identidad (y dignidad) en pro de una oscura y perversa maquinaria que desgraciadamente se ha erigido en el status quo de casi todo el planeta.

Ya sabéis que mi blog tiene mucho de "sé tú mismo" y algo de "el camino a la felicidad", y quizá un poco de "no hagas caso a la gente, que es retrasada" (de hecho a veces hasta parezco un libro de autoayuda). Así que me resulta triste, y mucho, lo que veo a mi alrededor últimamente. Así que quiero dedicar esta entrada a las siguientes personas, simplemente por seguir en el candelero contracorriente y/o vivir orgullosamente con lo poco que tenemos, sin vergüenza ni pretender ser nada más que lo que somos: Donut, Big Pink, Océanos, Dr. Muerte, S. Man, Gestalt, Kali, Callejero & Cía, Drew, Ruso, y todos mis artistas y genios que siguen dedicados a lo suyo sin despeinarse. El de hoy va por ustedes...

martes, 11 de junio de 2013

Por qué es tan complicado tener una pareja para siempre I

Zás, en toda la boca. Gran titular que ayer, durante mi distraído pulular por la (eco, please) red de redes, me ha llamó mucho la atención, al coincidir bastante con mi idea de cómo debería de funcionar la cosa. Así que fusilando el artículo de Silvia Grijalba para El Confidencial (y así me ahorro el tener que explicarlo yo...), y prometiendo además no ganar dinero hablando de él en un blog apartado de las principales autopistas de la información que lee poquita gente (y cojo aire, es que los periodistas y redactores son muy suyos con su material...), vamos a comentar lo expuesto en su además muy bien escrito texto. Lo he dividido en tres partes para no saturar, ya sabemos que a veces suelto unos largos que según comentan no son nada recomendables a la hora de llevar un blog, cosa que me paso por...

Al lío.

Una pareja para toda la vida, amor eterno, hasta que la muerte nos separe, para siempre… al principio de una relación esto es lo que los enamorados suelen repetir, ese amor idílico, sin fin, perfecto. Pero si la mayoría de la gente (los alérgicos al compromiso y personas con traumas especiales son excepciones) es lo que quiere, ¿por qué hay tan pocas parejas que sean, efectivamente para siempre? ¿Por qué es tan difícil encontrar o mantener a ese compañero hasta la muerte?

Eso digo yo, ilústranos.

La respuesta más socorrida es porque ya no tenemos por qué aguantar, como ocurría antes. Es decir, nuestros padres (me refiero a los de los que tienen más de 40 años), nuestros abuelos y no digamos nuestros bisabuelos, se casaban y sabían que aquello era para siempre. Así lo explica, con una sencillez aplastante Carmen Aguirre, viuda, de 70 años, que pasó toda su vida con su marido. “49 años, exactamente estuvimos juntos”, cuenta. “Yo tuve un novio antes, pero le dejé porque no quería casarse y ya llevábamos dos años viéndonos. Fue conocer a Francisco, nos enamoramos e hicimos las cosas como se hacían entonces. Pidió mi mano, nos casamos… y no, nunca pensé en separarme”.

A mi entender la normalización del divorcio durante los 70 y 80, y la liberación de la mujer implantaron la idea, en nada equivocada, de que ese nefasto concepto del “ajo y agua” a lo mejor debería de ir sobrando... También es verdad que “las cosas bien hechas” constituyen en sí mismo otro interesante concepto que se perdió con la generación de nuestros padres.

La septuagenaria reconoce que vivió momentos complicados, discusiones e, incluso, afirma Carmen, “él me puso los cuernos una vez, que yo sepa, y yo no es que se los pusiera, pero estuve a punto con un compañero de trabajo. Vamos, que no éramos de esas parejas que ella se queda en casa esperando que él llegue y que tragan lo que les echen. Pero para nosotros la familia y que los hijos crecieran felices era muy importante. Si hubiéramos discutido mucho o nos hubiésemos llevado mal me hubiera divorciado sin problema. Pero no, en lo importante nos entendíamos, veíamos las cosas de manera muy parecida y éramos un equipo. Sí, con el tiempo casi como hermanos, no teníamos esa pasión loca. Pero es lo que yo le digo a mis hijos, que la pasión es una maravilla, pero que lo complicado y lo más bonito, lo que te hace sentir bien, seguro, tranquilo, es saber que cuentas con alguien, que si te pasa algo bueno es la primera persona en la que piensas y si es algo malo también. El secreto no es aguantar, el secreto es valorar lo que se tiene y no estar pensando que se puede tener todo el rato algo mejor”.

Creo que no he hablado lo suficiente sobre la importancia de la palabra “valorar”. Básicamente es el pilar sobre el que se asienta la felicidad en sí misma: valorando las cosas conseguimos una bajada de expectativas, quizá un poquito más acorde con la realidad circundante. Y es realmente entonces cuando aprendemos algo sobre la cultura del esfuerzo, que será a su vez cuando descubramos ese paradigma de “tanto lo quieres, tanto cúrratelo”. Mis abuelos, y un cartel de los pululan por cierta red social (y cuánta sabiduría hay muchas veces en ellos...), hablan de una época en que cuando las cosas se rompían se arreglaban, no se tiraban a la basura.